Me marché el 15 de marzo y regresé el 22. Aunque no lo parezca, viajar de Filadelfia a San Francisco es casi como cruzar el Atlántico. En la ida hice conexión en Dallas y en la vuelta en Chicago. Sí había vuelos directos, pero como estaba de vacaciones decidí visitar otros sitios en el mismo viaje. Los texanos fueron súper amables y pude apreciar que tienen un acento muy fuerte. Comida Tex-Mex excelente. Chicago ya lo conocía. Creo que he estado como cuatro o cinco veces. En esta ocasión decidí pasar la noche allí, en casa de Alex y Olga, mis amigos serbios, para conocer a sus hijos, Mila, la mayor, y Andrej, que apenas tenía dos semanas.
San Francisco es una ciudad preciosa y muy liberal, tanto que parece otro país que no este que piso: marihuana permitida, tradición demócrata, ciudad plural y multicultural... y la paradoja de muchas democracias modernas es real aquí: mismos derechos, mismas obligaciones para todos. En esta ocasión, sin embargo, no voy a hablar de política sino de las paradojas del tiempo y el espacio.

El tiempo, ese mismo amigo que viene y pasa, que se va deshaciendo como la arena mojada de nuestras manos, me hizo una visita mientras estaba en Baker Beach viendo la puesta de sol más bonita que he visto nunca. Allí mismo, viendo hundirse el sol en el Pacífico, a 10.000 kilómetros de Alicante y 4.000 de Filadelfia me di cuenta de que estaba demasiado lejos de todo cuanto quiero. Fue un momento revelador y que, lejos de lo serio que pueda parecer, me hizo sentir muy vivo y, diría, hasta feliz porque sé que tengo la libertad para viajar en el espacio y volver a todos los paisajes y personas que quiero. Eso por el espacio, pero ¿y el tiempo? ¡Ah, ahí si la jodimos! ¡Habrá que utilizarlo sabiamente porque el único lugar al que vamos con tiempo es uno y bien tranquilo!
Cómo no, me hice la foto de rigor en el Golden Gate Bridge, que compartiré en privado, y visité todo lo visitable: Embarcadero, Misión, Castro, China Town, Yerbabuena Park... Fui a una manifestación por la paz en el cuarto aniversario de la guerra de Irak, conocí a gente pintoresca y me gasté mis buenos -y cada vez más devaluados- dólares en regalos. ¿Para mí? No, para mí no tengo costumbre de comprarme souvenirs.
Ahora sí, sí que me busco cosas que me parecen importantes, para muchos absurdas. Mi casa es buena prueba de ello: caracolas del Mediterráneo, el Atlántico y el Pacífico, piedrecitas del Gran Cañón del Colorado, un rosario que me regalaron en Ciudad de México, una constitución bolivariana en miniatura que me regalaron en El Hatillo, en las afueras de Caracas, un "mexicanito borracho" que me regalaron en Cancún... Siempre he creído en la bondad de los desconocidos y es cierto aunque ésa no sea una frase mía. Me encanta hablar con desconocidos -y con conocidos, claro-. Aprendo tanto. Hace poco, ayer si recuerdo bien, estaba corrigiendo exámenes en Rittenhouse Square -de la que hablé en este blog hace tiempo- y se me acercó un tipo que iba corriendo al ver que llevaba la camiseta de los Lakers de Pau Gasol -que me regaló un amigo, querido amigo, en Nueva York-. Estuvimos hablando una hora. Marko, que así se llamaba, era un bosnio que vivió en Serbia y vino a Gringolandia después de que Solana y sus títeres de la OTAN -así lo dijo él- mataran a su toda su familia. ¡Qué historias hay por ahí!

Esta foto es de China Town, en San Francisco, y es el único barrio chino que conozco que no huele a pescado -seguramente porque está entre cuestas y en San Panchito corre mucho el viento. Ésa es la primera verdad universal. La segunda es que allí todo es cuesta arriba o cuesta abajo, por muy rectas que parezcan las calles en el mapa.
Esta imagen de "Godless America" me llamó mucho la atención. La frase es "God Bless America" (Dios bendiga América) y con sólo borrarle una letra se convierte en "Godless America" (América sin Dios). Decía que me llamó la atención porque retrata muy bien el estado de ánimo por aquí en los últimos años, los últimos seis o siete años. Se trata de un país desorientado, pero que hay que conocer para entender en realidad la implicación de la frase. En Europa se tienen demasiados estereotipos de Gringolandia y la mayoría de la gente que habla del país ni siquiera lo ha visitado nunca. Aunque, como decía, no voy a entrar en política ahora.

Algunas curiosidades: el transporte público es muy eficiente y baratísimo (por 1.50 tomé cuatro buses, por 2 dólares puedes ir y volver a cualquier sitio en metro, los taxis son caros e ineficientes: me soplaron 40 dólares por ir del aeropuerto al hotel), la gente de San Francisco chapurrea español con bastante buen acierto, en el barrio de Castro fue donde nació el movimiento gay en EE.UU. y la imagen de "cuero" nació también en Castro, S.F. es la ciudad americana con menos niños por habitante, se comprar marihuana en muchos sitios y puedes fumarla al ladito de un policía y no pasa nada, la gente mira a los ojos y saluda por la calle, hay muchos chinos -como un tercio de la población-, hay muchísimos topónimos en español -a fin de cuentas esta ciudad es estadounidense desde hace menos de dos siglos, anteriormente era española y luego mexicana-, la arquitectura es plenamente española en la parte vieja/reconstruida -las iglesias parecen sevillanas, por decir algo-, la obsesión local es el sushi -no sé por qué, el sushi es japonés y allí hay pocos japoneses- y, last but not least, tiene muchas rutas para bicicleta y peatones... y todo en un espacio de 7 x 11 kilómetros: es una ciudad increíblemente compacta. ¿Alguien da más? Bueno, ahí les dejo, que menudo rollo he soltado. VALE.
3 comentarios:
Bueno, más vale tarde que nunca.
Bella crónica y profundo aprendizaje.
Todos tenemos la libertad -más o menos consciente- de movernos por el espacio ilimitado en cualquier dirección. Además, contamos con la libertad de elegir en qué lugares emplear nuestro tiempo, lamentablemente, este sí finito.
Conectar con nosotros mismos y tomar conciencia de qué es lo que deseaamos de corazón, abre la puerta a las elecciones más acertadas y las que nos harán vivir con plenitud nuestra corta estancia en este mundo.
Un abrazo
aquí a san francisco hi viu un noi de lleida.
d jove era ballarí, molt bo.
se'n va nar a viure allà a ballar.
li van fotre una pallissa bestial, per ser gay, i es va passar mesos en coma.
en despertar-se, va haver d començar d nou, i aprendre a parlar, caminar, tot.
ja no pot tornar a ballar, però hi té una escola d dansa.
és la persona amb més pluma d la capa d la terra, però ja no hi corre perill.
ara hi seguix vivint, i hi és molt molt feliç. és una d les persones més felices q conec...
Quines històries Vicki... SF preciòs...
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